Enviado por aperez el 12 Febrero 2009 - 3:06pm.
Al analizar los discursos desarrollados en los últimos tres años por el político, candidato y presidente BARACK OBAMA observamos la utilización eficaz de una oratoria emocional. Influir positivamente en la audiencia empieza por un cambio del discurso político y una forma diferente de vínculo con la gente.
La oratoria clásica caracterizada por el enfatismo, la magnificencia y los juegos verbales no llegan emocionalmente a una audiencia actual hiperinformada. En cambio, el ciudadano actual necesita de un alto nivel de empatía, identificación y aceptar ante todo que su discurso puede ser el mío, no quiere que les expliquen racionalmente lo que pasa sino que sienta lo mismo que ellos sienten. De ahí, la importancia de su optimismo, de la resiliencia (uno de sus mejores discursos fue cuando le ganó Hillary Clinton en New Hampshire el 8 de enero de 2008, donde Obama encaja la derrota y lanza su gran lema: “Yes, We can”) y, sobre todo, de su empatía con la utilización de ejemplos reales. Sería interesante analizar las cinco herramientas comunes que ha utilizado Barack Obama a través de sus discursos:
1. En primer lugar, el efecto intimidad que crea con audiencias muy grandes es simplemente genial. Sutilmente siempre personaliza su intervención hasta que establece un vínculo íntimo con las personas que le escuchan.
La intimidad se teje, evitando situaciones en el “saber” del orador que esta en la poltrona para revelar los “porqués” racionalizados de la coyuntura política. La intimidad creada a través de los relatos familiares facilita la identificación emocional con él. No ha habido ningún álbum familiar más utilizado como elemento comunicativo.
2. En otra parte, la intimidad se acerca con un discurso emocional como es la religiosidad. Lo religioso no como dogma sino como expresión de su buen talante. La utilización del ecosistema religioso posibilita un discurso positivo, el camino es claro, tendremos muchas derrotas que encajar pero debemos tener claro que lo que nos une es la esperanza. La esperanza en lo que podemos conseguir en común (comunitarismo) entablando una relación entre la experiencia religiosa y el sentido democrático que representa USA.
3. En tercer lugar, la utilización de los ejemplos como elemento emocional en un discurso. De ahí, que hay que destacar como Obama utiliza los ejemplos y emprende la clásica técnica de la interrogación retórica. No se trata de poner ejemplos en cada momento sino de crear el clima de interrogación básico donde el ejemplo explicita una visión emocional. También a través de los ejemplos, utiliza otra técnica clásica de la oratoria que es la antífrasis. La antífrasis como figura retórica para asignar a un personaje un nombre o identificación que expresa las cualidades contrarias a la que realmente posee. Obama, en muchas ocasiones, crea en un discurso situación con antífrasis diciendo lo contrario para explicar porque él no piensa eso.
4. Otra herramienta de oratoria muy utilizada por Obama y de enorme calado emocional es el relativismo de las responsabilidades, es decir, no buscar culpables sino identificar los errores y disculpar las responsabilidades de los demás. Este relativismo llega al auditorio como un líder que “crea” un nuevo orden político y que destruye por lo que crea no por lo que destruye.
5. Y en último lugar, un gran avance en la oratoria actual, o más bien, un retorno a la claridad expositiva con una gran calidad lírica. Obama reivindica la importancia de la estructura poética como elemento cercano a lo emocional. La poesía nos emociona y con expresiones sencillas nos movilizan.
En fin, la oratoria emocional que hemos observado en Obama se refleja en las características de un líder positivo cuyo optimismo, empatía y resiliencia se expresa en utilizar el discurso desde un sentimiento más que intentar aclararlo racionalmente. Con Obama ya hemos aprendido que en un mundo hiperinformado todavía es más importante la emocionalidad en la comunicación. Hay muchos medios para informarnos, pero hay pocos momentos para emocionarnos.